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12 de junio de 2012

El cuento del burro


Había una vez, hace muchos años, un matrimonio con un hijo de 12 años y un burro. Decidieron viajar, trabajar y conocer mundo. Así, se fueron los tres con su burro. Al pasar por el primer pueblo, la gente comentaba: - Mira ese chico mal educado! El arriba del burro y los pobres padres, ya grandes, llevándolo de las riendas! Entonces, la mujer le dijo a su esposo: - No permitamos que la gente hable mal del niño. El esposo lo bajó y se subió él (…) 

 Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuraba: - Mira qué sinvergüenza ese tipo! Deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima! Entonces, tomaron la decisión de subirla a ella al burro mientras padre e hijo tiraban de las riendas. 

 Al pasar por el tercer pueblo, la gente comentaba: - ¡Pobre hombre! Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro! Y el pobre hijo? ¡Qué le espera con esa madre! Se pusieron de acuerdo y decidieron subir al burro los tres para comenzar nuevamente su peregrinaje. 

 Al llegar al pueblo siguiente, escucharon que los pobladores decían: - ¡Son unas bestias, más bestias que el burro que los lleva, van a partirle la columna! Por último, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro. Pero al pasar por el pueblo siguiente no podían creer lo que las voces decían sonrientes: - ¡Mira a esos tres idiotas: caminan, cuando tienen un burro que podría llevarlos!

24 de agosto de 2011

La vasija agrietada


Un cargador de agua sostenía sobre sus hombros dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba toda el agua. Cuando llegaba al final del largo camino, la vasija rota sólo contenía la mitad de su contenido. Durante dos años completos, esto sucedió diariamente. 

Desde luego, la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pero la vasija agrietada se sentía miserable y estaba muy avergonzada de su propia imperfección. Después de estos dos años, la tinaja quebrada le habló al aguador: - Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo, porque debido a mis grietas sólo puedo entregar la mitad de mi carga. Debido a mis grietas sólo tienes la mitad de lo que deberías. 
- Cuando regresemos a casa, quiero que notes las hermosas flores que crecen a lo largo del camino - dijo el aguador compasivamente. Así lo hizo la tinaja, pero de todos modos se sintió apenada, porque al final, sólo quedaba dentro de sí la mitad del agua que debía llevar. 
 - Te diste cuenta de que las flores sólo crecen en tu lado del camino? - dijo el aguador 
- Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado. Si no fueras exactamente como eres, con todos tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.

3 de mayo de 2010

Los 9 dinares: Acepta lo que tienes aquí y ahora



Una noche, Mulla Nasrudin tuvo un extraño sueño: un rico desconocido vino a hacerle una visita y le dio nueve dinares. Mulla los rechazó diciendo:

- ¿Y por qué solo nueve? Dáme uno más y así redondeamos la cifra.

El hombre se negó. Mulla insistió, suplicó, se debatió tanto que se terminó por despertar. Viendo su mano vacía, maldijo su mal carácter que le había llevado a perder este regalo inesperado. Por ello volviendo a adoptar la postura del sueño, cerró los ojos y alargó la mano presentando excusas:

- Bueno, de acuerdo, dáme de todas formas los nueve dinares...


Comentario de Alejandro Jodorowsky en “La sabiduría de los cuentos”:

Puesto que se quieren diez dinares, no disfrutamos de lo que tenemos, aquí y ahora. Se quiere todo o nada.
En general, la gente se queja de lo que tiene. Piensa que no tiene nunca bastante. Puestos a pedir, se pide la luna. Sin embargo ¿Qué dice el antiguo testamento? Pues dice: “Dichoso el sabio porque está satisfecho con lo que tiene”.
Si estamos insatisfechos con lo que tenemos hoy, por más que obtengamos más, siempre estaremos insatisfechos. ¡Aceptemos los nueve dinares! Sepamos aprovecharlos…, pues lo poco que tenemos podría sernos retirado al despertar.


Fuente:

http://planocreativo.wordpress.com/2010/02/21/jodorowsky-acepta-lo-que-tienes-aqui-y-ahora/

29 de octubre de 2009

Las ranas sordas








Un grupo de ranas viajaba por el bosque y, de repente, dos de ellas cayeron en un hoyo profundo.

Todas las demás ranas se reunieron alrededor del hoyo. Cuando vieron cuán hondo era el hoyo, le dijeron a las dos ranas en el fondo que para efectos prácticos, se debían dar por muertas.

Las dos ranas no hicieron caso a los comentarios de sus amigas y siguieron tratando de saltar fuera del hoyo con todas sus fuerzas. Las otras ranas seguían insistiendo que sus esfuerzos serían inútiles. Finalmente, una de las ranas puso atención a lo que las demas decían y se rindió. Ella se desplomo y murio. La otra rana continuó saltando tan fuerte como le era posible. Una vez más, la multitud de ranas le gritó que dejara de sufrir y simplemente se dispusiera a morir. Pero la rana saltó cada vez con más fuerza hasta que finalmente salió del hoyo. Cuando salió, las otras ranas le preguntaron: ¿No escuchaste lo que te decíamos?

La rana les explico que era sorda. Ella pensó que las demás la estaban animando a esforzarse mas para salir del hoyo.

Alejandro Ledesma



23 de marzo de 2009

El cielo y el infierno

Un hombre deseaba saber qué diferencia había entre el cielo y el infierno y, como por ensalmo, se cumple su deseo. Sueña que ha muerto y se ve ante una gran puerta que se abre ante él. Dentro hay una habitación amplia, con una mesa llena de comidas exquisitas que huelen maravillosamente. Alrededor de la mesa hay muchos comensales; llevan en la mano unas cucharas de mango extremadamente largo pero, en vez de disfrutar de lo que tienen delante, lloran y se lamentan. El hombre pregunta qué les pasa, y le contestan que, como las cucharas tienen los mangos tan largos, todo intento de comer es vano y esa impotencia les hace sufrir terriblemente. El hombre decide marchar de allí, pero antes pregunta qué lugar es ese, y le dicen que el infierno.

De pronto se encuentra de nuevo fuera, ante una puerta exactamente igual que la anterior. Abre y ve la misma mesa, los mismos manjares, las mismas cucharas de mangos larguísimos. Pero allí nadie grita ni sufre; parece haber una gran felicidad. Mira a aquellas personas y se da cuenta de que, como la longitud de las cucharas no les permite alimentarse por sí mismos, se están dando de comer unos a otros. Ese lugar, le dicen, es el cielo.